Anochece en tu casa y en la mía, y mañana cuando amanezca, iré a buscarte. 
Te acompañaré hasta el bosque. Rama sin corteza, rama que quiebra. 
Te abrazaré por última vez. Lameré de tus ojos las lágrimas y tragaré las mías. 
Criatura que habitas la noche, me voy. 

Jabata rota, jabata loca, me llevo la fuerza que salió de tus entrañas. 
Jara resistente a mil fuegos. Zorra ciega, fiera valiente que caminas a tientas. 
No sabíamos a dónde íbamos. Juntas, de la mano. Yo sobre ti. Yo, tu hiedra. 
Me voy, me quedo con la intuición y los mapas de las estrellas.
Que me lleven a casa, a una casa nueva. 
Musgo que cubres la piedra, me voy. 

Promesa de loba, inundada de barro y miedo. Muerta de hambre y sed. 
Bestia aterrada, me voy. Acebo que resistes al hielo. 
Brezo, que te hidratas con el aire más seco, me voy. 
Y caminaré sola, agarrada a la esperanza de un bosque nuevo.
 Zarpa sobre presa que sangra y no suelta, me voy.
Lista, corneja negra que vigila atenta, me llevo lo que brilla. 
Ahora lo veo, tú me enseñaste a verlo. 
Retorcido, viejo y seco enebro. Me voy. 
Gineta umbría, garduña sigilosa, osa dura y valiente, me voy. 
Víbora paciente, culebra silenciosa, me voy. 
Mata de romero, me voy ya. 
Y no imaginas lo que te quiero…
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