Tía, te mando audio porque se vienen cosas. Ponme en X2 que si no vas a flipar. 
Pues sí, quedamos el otro día, y yo, cuando le vi llegar, ya le vi tieso, ¿sabes?, como engolado. Se notaba que pasaba algo porque, además, se había duchado en colonia. Y nada, llego al restaurante, que claro, él había llegado antes, porque siempre va antes, que no hay manera de que se relaje… y todo bien, bueno, bien cinco minutos. Que después va y se saca de debajo de la silla un paquetón como de regalo. No veas qué palo, porque encima el chico discreto no es. Y yo que no veía dónde meterme, porque ya sabes tú que a mí eso de que me empiece a mirar la gente… como que no. Que lo abra, me dice, como si pudiese hacer otra cosa. Ahí ya empezó a dolerme la barriga. Y no te lo vas a creer, ¡me había comprado un oso! ¡Un oso de peluche horrible con los ojos brillantes y un I ❤️️️️ you en la barriga, así como bordado! ¡Un oso de peluche!, ¿pero qué se cree, que tengo 5 años? ¿Qué hago yo ahora con eso? No querrá que lo ponga sobre la cama, ¿verdad? Ya te digo yo que el bicho ese se va a Wallapop en cuanto acabe de contarte esto. Y tenías que ver la cara de la camarera, claro, yo no sé si se estaba aguantando la carcajada o me miraba con cara de “Hermana, ahí no es”. Joder, ¿un oso de peluche, tía? ¿Qué será lo siguiente, un Nenuco y una cocinita? Que no soy una niña…  y claro, mi cara debía ser un poema, aunque te juro que hacía todo porque no se me notase, pero va y me dice que si me gusta, y qué le digo, ¿la verdad? ¿Que a quién se le ocurre regalarle a una mujer un puto oso de peluche? Lo bueno es que ni me dejó responder, que ya sabes cómo es él, que coge carrerilla y te suelta una disertación que te deja muerta. Pues seguía yo horrorizada mirando el espanto peludo mientras él me contaba las maravillas de su hazaña al escoger el peor regalo del mundo, cuando va y me dice que me quiere, y que si le quiero, ¡que si le quiero yo! decía, ¿y qué le iba a decir? ¿Que sí? Sí, cariño, con la profundidad de un charco. Joder, tía, yo que iba dispuesta a cortar de cuajo aquel casi algo y el tío en la onda contraria, pero ¿cómo me va a querer? Si piensa que tengo los gustos de una cría, si es que ni me conoce… Menudo papelón. Que quería que fuese su novia; y yo por un momento pensé que me estaba gastando una broma, en serio, y el estómago cerrado como mi monedero a fin de mes. Este se quedó anclado en el instituto… Su novia… decía, y lo mejor era que no callaba, que yo no sé para qué me preguntaba las cosas porque no paraba ni para coger aire; pues nada, que cómo puedo, voy haciéndome hueco entre sus frases, y le digo que necesito tiempo para mí, que no es por él, que estoy en un momento en el que tengo que centrarme en mí misma, que ahora no quiero implicarme en nada estable… Vamos, que más claro, agua, pues ¿sabes qué me dice? Que él me espera. Que sabe que soy la mujer de su vida y que él no tira la toalla nunca… La toalla… eso era lo que habría necesitado yo para secarme el sudor, eso y una bolsa en la que vomitar. Qué menos mal que la cena ni había empezado, porque si no, la devuelvo allí mismo… y mira, ya no pude más, le dije que me encontraba fatal y me volví a casa. Así que, tía, lo que te cuento… que quedamos, y si quieres, te regalo un oso de peluche, a ver si encuentras alguna niña que quiera quedarse con él.
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